layout graphic

Special News Items

 

ACNS:4351. Mensaje  de  Navidad  del  Arzobispo  de  Canterbury

Una de las expresiones más curiosas —y emotivas— del Nuevo Testamento es un verso en la Carta a los Hebreos (11.16): Dios “no se avergüenza de ser llamado su Dios”.  El escritor está hablando de la historia del pueblo de Dios.  Cuando fueron fieles a Dios, fieles en mantenerse caminando en fe en lugar de estancarse en la auto-complacencia, cuando ellos son verdaderos peregrinos, entonces Dios está satisfecho de ser conocido como su Dios.  Él se declara a sí mismo como el Dios de peregrinos, de la gente que sabe que sus vidas están incompletas y que todavía están en camino hacia la plenitud de las promesas de Dios.  Al visitar campos de refugiados en el Medio Oriente durante el mes de Octubre, pude ver en forma palpable lo que significa estar literal y absolutamente sin casa, no poder confiar en nada ni en nadie.  Los que viven en esas terribles circunstancias nunca podrán ser conformistas, siempre estarán buscando un nuevo futuro.  Son, claramente, aquellos a quienes Dios no se avergüenza de acompañar, al contrario: es feliz de estar con ellos.  El se siente como en casa con los desposeídos.  Pero ésta es también una imagen de la relación que Dios tiene con los sin casa y los vagabundos en otros sentidos.

¡Qué expresión tan extraña hablar de que Dios no se avergüenza!  Es como si ello nos diera la seguridad de que Dios, a pesar de todo, no se incomoda de verse en compañía nuestra.  Muchos de nosotros hemos vivido situaciones embarazosas por alguien con quien estamos — los niños son avergonzados por sus padres, los padres por sus hijos; yo a veces me he hallado caminando por la calle con alguien que habla muy fuerte o que se comporta raro, y he deseado estar a kilómetros de allí.  Pero Dios no se avergüenza de la compañía humana cuando esa compañía está dejando atrás la auto-satisfacción y está lista para tomar un nuevo rumbo.  Podríamos pensar que Dios estaría incómodo en compañía de personas imperfectas, confundidas o incluso pecadoras.  Pero Dios está contento de ser el Dios de los confundidos y pecadores, cuando reconocen su propia confusión y enfrentan la verdad de su necesidad.  De ello tratan las grandes parábolas de Jesús en el Evangelio de Lucas, especialmente la del Fariseo y el Publicano. 

Así, en Navidad Dios nos muestra que El no se avergüenza de estar con nosotros.  Él ha escuchado nuestro llanto de debilidad, de inseguridad y de infeliz necesidad; ha visto nuestro vagabundeo y nuestras ansiedades, pero no se avergüenza de estar junto a nosotros en este mundo y de acompañarnos en nuestro peregrinaje.  Y porque él está contento de ir junto a nosotros, nos desafía en relación con las compañías de las que nosotros mismos nos avergonzamos.  Es tan fácil tomar la actitud de avergonzarnos de compartir en compañía de los pecadores, los indecisos y los parias.  Pero Dios, parece, no se avergüenza de estar con tales personas.  Si se avergonzara de ser llamado el Dios de algún grupo humano, el texto de Hebreos sugiere fuertemente que los que más lo avergüenzan son aquellos que piensan que ya han llegado al final del camino, los que piensan que han logrado la perfección (vean el enojo y el sarcasmo de las palabras de San Pablo en I Corintios 4:8 “Uds.  ya han llegado a ser ricos”).  Y es claro por qué Dios se avergüenza de tales personas: porque actúan y hablan como si en realidad no necesitaran de Dios, como si no necesitaran de gracia, de esperanza y de perdón.

Dios se agrada en compañía de aquellos que reconocen su necesidad, y por eso él viene en Navidad a estar con ellos, a vivir con ellos y a morir y resucitar por ellos.  Él es el Dios que bendice a los pobres — no sólo a aquellos que son materialmente pobres, sino también a aquéllos que no tienen las riquezas de la auto-satisfacción y de la complacencia, los que saben bien cuán lejos están de la humanidad plena y verdadera.  Así, debemos transmitir esa bendición a los pobres de toda condición, a los que están sin recursos materiales y a los que son ‘pobres en espíritu’ porque ellos reconocen su hambre y necesidad.  Preguntémonos honestamente qué compañía nos avergonzamos de compartir – y luego consideremos dónde Dios quisiera estar.  Si Él ha entrado al quebrantado y frágil mundo de los seres humanos que reconocen sus necesidades, entonces nosotros debemos estar allí con Él.

Que Dios nos traiga mucha bendición y gozo en este tiempo de Navidad.

+Rowan Cantuar

(Traducido por Ricardo Tucas, para la Oficina de la Comunión Anglicana).

 

Related Entries:

 

layout graphic